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A veces, todos nosotros nos sentimos aguijoneados por un anhelo agridulce de encontrar otra clase de mundo, otro tipo de vida. Anhelamos misericordia, paz, verdad, aventura, tener un corazón satisfecho. Pero esta vida es dificil de encontrar. La mayoría de nosotros, ni siquiera sabemos que estamos perdidos; perdidos porque casi nos hemos rendido a alcanzar este destino. Pero hay esperanza, una voz del pasado, que, como un eco, nos recuerda: "he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia".
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Piensa en el amor. El amor hace girar el mundo, el amor lo conquista todo, o eso es lo que se dice. Pero, ¿quién puede decirnos que es verdaderamente amor? Jesús dijo: no hay mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos. Esto es una gran verdad, ¿no crees? Amar a alguien es dar tu vida por él. Pablo, un amigo de Jesús, explica: el amor es paciente, el amor es benigno. El amor no tiene envidia, no es jactancioso, no se envanece. No es rudo, no es egoista. El amor no se irrita, no guarda rancor. El amor no se alegra de la injusticia sino de la verdad. El amor todo lo sufre, todo lo cree, todo lo soporta. El amor nunca deja de ser. Puede ser difícil ver a Jesús claramente a través de la neblina de la historia pero cuando leemos la historia de su vida en la Biblia vemos simplemente este tipo de amor auténtico. De hecho, fue por amor que Jesús vivió y murió. Si miramos con los ojos bien abiertos podemos ver en Jesús la vida que siempre hemos querido.
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Si andamos este camino siguiendo a Jesús no estaremos nunca mas sin rumbo esperando toparnos con la felicidad. Jesús nos promete: "cualquiera que me siga nunca andará en la oscuridad.
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Seguir a Jesús significa hacer de Él tu amigo y tu maestro
Jesús vino y dio su vida por nosotros porque nos amaba y quería hacer de nosotros sus amigos. Seguir a Jesús es creer en que, como Dios que es, el sabe cual es el camino. Seguir a Jesús es creer que él ha perdonado nuestro pasado y nos ha hecho nuevos. Podemos conocerle mejor estudiando su vida en la Biblia y pasando tiempo con otros que ya le siguen. Al no estar Jesús de una manera física con nosotros, cuando elegimos seguirle, Dios viene dentro de nosotros de modo que podamos hablar con él a través de la oración. De hecho podemos comenzar nuestra amistad y relación con Jesús en cualquier momento simplemente hablándole. Él siempre está escuchando.
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Podrías orar así: Jesús, quiero que seas mi amigo y mi maestro. Sin ti estoy perdido. Te pido que me perdones por mi egoismo y crueldad hacia mis semejantes. Jesús, te pido también que me enseñes a vivir plenamente y a amar.
Todo el mundo no va a seguir esta nueva forma de vivir hoy o mañana, pero tu puedes hacerlo y también puedes invitar a otros a que sigan el mismo camino.
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